TAMBIÉN

Describir cosas bonitas, pintar poemas felices, redactar párrafos alegres, parir historias positivas... es difícil. Y lo es por algo. Cada cual tiene sus teorías, normas y valores sobre cómo suspirar y/o ahogarse, pero en el fondo todos respiramos igual. Es algo innato que experimentados al nacer. La felicidad, también. A medida que crecemos empezamos a utilizar solo una cuarta parte de nuestra cavidad pulmonar. De la felidad, también. Y así es, como con el paso de los años perdemos vida. También felicidad. Creemos que la culpa es del dolor, lo odiamos y seguimos adelante obsesionados con exiliarlo. A menudo obviamos que él es el único que nos recuerda, de tanto en tanto, que día tras día nos olvidamos de respirar. Y de la felicidad, también. Por eso a la gente le emociona leer cosas tristes, porque al olvidar que la felicidad (en teoría) es innata, necesitamos algo que nos haga derramar líquidos como animales mugrientos. El dolor es así. Y lo es por algo, también.

LA CARENCIA

Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
Alejandra Pizarnik

RAYAR LA LUZ DE LA RAZÓN


Rayar la luz de la razón es algo complejo. Un proceso de maduración que comporta asumir responsabilidades, superar adversidades, interiorizar aprendizajes y, por qué no, saber divertirse. Cuando pensamos que nos espera algo agradable, caminamos rectos hacía el nuevo descubrimiento, por eso "piensa bien y acertarás". Porque a nadie le motiva hallar la luz si no cree que haciéndolo se sentirá mejor. Es normal. Pero cuando un deseo se cumple, muere, y entonces la oscuridad se cierne sobre nuestro entendimiento y creemos que solo era eso lo que habíamos perdido. Por ello soy del tipo de seres que piensa que el dolor existe para hacernos ver que la felicidad también, no para aprender. "Se aprende de los errores, a base de palos" es igual a "no lo supe hacer mejor... pero una y no más santo tomás y nadie es perfecto". Así es como el conformismo nos consuela y, siendo éste último parte del primero, no hay quien escape del eterno rodar sobre uno mismo. El país multicolor con el que soñamos es posible siempre que uno reconozca que empezar a abrirse el entendimiento al conocimiento de las cosas no es dolor en el corazón, sino rayar la luz de la razón.