“La mayor habilidad del demonio consiste
en persuadir a la gente de que no existe.”
Charles Baudelaire
Hay cosas que no se ven venir: el veloz mosquito que te hizo ese punto rojo en la pierna la noche pasada, la pena, las ganas de comerte el mundo un día cualquiera, el hipo, la bicicleta que atraviesa el paso de peatones cuando vas a cruzar, el oxígeno, la valiente mota que se introduce en tu ojo, el amor, las fuerzas para llevar a cabo aquello que nunca te atreviste, las gotas que caen del balcón que tienes encima y el dolor. Cuando algo te pilla por sorpresa tus reacciones suelen ser espontáneas. Está bien, pero entonces nada sale como lo habías o podrías haber previsto. Qué decir. Cada cuál juzgará si es positivo o no, si es capaz de resistirlo, de esquivar, abrir la puerta o arañar a aquello que no esperaba. Y dejando a un lado el tema de las reacciones, sería conveniente analizar lo que hoy nos atañe: sentarse a esperar. Es. Pe. Rar. (Del lat. sperāre). Tener esperanza de conseguir lo que se desea. Luego, que haya cosas que no se ven venir no quiere decir que sea negativo e inesperado, ni que aquello que sueñas o que realmente necesitas nunca llegue. Hay cosas, simplemente, que nunca se deben dejar de esperar, aunque no las veas venir.
