sperāre

La mayor habilidad del demonio consiste
en persuadir a la gente de que no existe.

Charles Baudelaire

Hay cosas que no se ven venir: el veloz mosquito que te hizo ese punto rojo en la pierna la noche pasada, la pena, las ganas de comerte el mundo un día cualquiera, el hipo, la bicicleta que atraviesa el paso de peatones cuando vas a cruzar, el oxígeno, la valiente mota que se introduce en tu ojo, el amor, las fuerzas para llevar a cabo aquello que nunca te atreviste, las gotas que caen del balcón que tienes encima y el dolor. Cuando algo te pilla por sorpresa tus reacciones suelen ser espontáneas. Está bien, pero entonces nada sale como lo habías o podrías haber previsto. Qué decir. Cada cuál juzgará si es positivo o no, si es capaz de resistirlo, de esquivar, abrir la puerta o arañar a aquello que no esperaba. Y dejando a un lado el tema de las reacciones, sería conveniente analizar lo que hoy nos atañe: sentarse a esperar. Es. Pe. Rar. (Del lat. sperāre). Tener esperanza de conseguir lo que se desea. Luego, que haya cosas que no se ven venir no quiere decir que sea negativo e inesperado, ni que aquello que sueñas o que realmente necesitas nunca llegue. Hay cosas, simplemente, que nunca se deben dejar de esperar, aunque no las veas venir.

PARÉNTESIS LITERARIO

Hoy seré clara (aunque puede que no precisa). Esto se acaba: la carrera, el trabajo, el piso, algunas amistades, lo poco que tenía previsto, mi camino con atajos y dos o tres neuronas demás. Y aunque lo próximo lo intuyo, no está nada claro. Me atreveré con otra carrera, trabajaré en una escuela (ocho horas diarias), viviré vetetúasaberdónde, me encontraré un poco más sola, las cartas estarán echadas, el camino rectificará las curvas y, o bien no ejercite las neuronas o bien lo haga demasiado. ¡Ay! no puse el interrogante al final de la frase; ha sido sin querer evitarlo. I'm sorry (o sorrita). Y en lugar de estar buscando piso, terminando trabajos, planeando actividades, por ahí de copas, planeándolo todo... aquí estoy, tan conmigo que me aburro. Ahora con menos frecuencia, solo a veces, doy asco, me doy asco y soy asquerosamente feliz. Pero bueno, por lo menos me sigue pasando. Para poner fin a esta vaga disertación, resulta que me ha dado por releer viejos textos de mi muso. Eso es, masculino. Mucha igualdad de género y cuando nos dicen tia buena se nos cae la baba. Pero ese es otro tema. Decía que me han entrado unas ganas tremendas de escribirle una carta bonita, sin amor, con dos metáforas leves y unos puntos suspensivos. A él, que le debo tanto sin saberlo (por eso se lo debo). Pero no sé si este post es el adecuado. Había dicho que sería clara, no incoherente. Al fin y al cabo, no pasa nada por utilizar, una sola vez, el blog tal y como lo utilizan los demás. Bla, bla, bla. En fin, nunca sabes cuándo será el día que te dé por ser más clara que el agua. Quién sabe. Y bla, bla, bla.

SABER


Supimos y creimos que el saber lo era todo, que no ocupa lugar. Por entonces todavía existía el futuro con sus vetetúasaber y porsiacaso, el miedo a quedarse solo, la suerte de mañana y el amor a primera vista (en lo bueno y en lo malo). Ahora ya sabemos que existimos y que lo hacemos, simple y tristemente, porque lo sabemos. Es complicado no conocer lo que no decubrimos y, llegados a este punto, no somos más que unos productos que resignados se deslizan sobre la cinta esperando que suene el próximo "¡Siguienteeee!", ese que nos transporte a un mundo nuevo o hacía una vomitiva transformación, porque ahora resulta que nada desaparece. Si esto fuera lo más pésimo del cuento aún acabaría bien. Pero resulta que, conociendo este desastroso final, dentro de unos años nos atrveremos a creer que lo sabremos todo (todo y todo). Entonces sí, pasará lo único que faltaba, perderemos lo último que se pierde y viviremos... viviremos sin saber por qué.