Era un mono muy gracioso y ocurrente. No paraba de hacer chistes y deleitar a la concurrencia con acertijos y malabarismos. Tanto aumentó su popularidad entre los animales del bosque que éstos, en votación popular, decidieron nombrarle rey de aquel territorio. El mono fingió pensarlo un poco y aceptó.
Una zorra, llevada de su envidia, quiso demostrar que el mono no servía para tal cargo.
- Os engaña con su simpatía y gracejo, pero eso nada tiene que ver con las auténticas cualidades que deben adornar a un rey –decía ella, seria y respetable.
Condujo al rey mono ante un cepo preparado por ella. Un sugestivo trozo de carne resplandecía junto a ese artilugio mecánico. Parecía decir: ¡comedme! El mono, al verlo, se dejó llevar por su intenso deseo y echó mano de la carne. Naturalmente, quedó atrapado por el cepo.Por esta vez, la envidia de la zorra sirvió para desenmascarar la incompetencia del mono rey. Este servía para alegrar a las muchedumbres, pero carecía de cerebro para llevar el cetro real. Todos lo comprendieron, aunque nadie estimó el gesto de la zorra. La envidia no es popular, amigos.
HORIZONTE ESPERANZADOR
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