14 de noviembre de 2009

TELARAÑA

"El que gana un combate es fuerte,
el que vence antes de combatir es poderoso.
La verdadera sabiduría es vencer sin combatir"

7 de noviembre de 2009

MI PACÍFICO



España sí tiene sus antípodas. Pero Barcelona se sale del límite y mi casa no tiene por lugar opuesto mas que el Pacífico. Lo cual, no está del todo mal. Sobre todo considerando que el color azul me gusta. Y los peces, la arena, los tiburones, las profundidades y las perlas; las corrientes, la sal, el huevo frito, la manta y las migraciones; el color verde, los que se devoran, las que se devoran, los cobardes que huyen y las valientes que atacan; la oscuridad y los rayos de Sol que la dignifican, el frío aislamiento y las acaloradas persecuciones; los rojos, el tiempo que pasa y los que no se paran a verlo; los pequeños que acompañan a los grandes, los medianos que se agrupan arbitrariamente y el rey con su tridente mellado; la música, el misterio, los que llevan la casa encima y la vida que late aunque no pienses en ello; las partículas que se evaporizan y las que se vuelven a crear, y el proceso que se requiere para ello; las burbujeantes miradas, los enganchosos labios y las reacciones imprevistas; la coordinación misteriosa entre dos o una misma especie; el mar, decía, lo cual no está del todo mal.

28 de octubre de 2009

ASTILLAS POCO PROFUNDAS

Hace dias que te lo vengo repitiendo. Si hablamos de equilibrio, el dolor es necesario. Y aunque cualquier tiempo pasado fue anterior, entiendo que a veces no logremos olvidar qué tenemos que olvidar. Sabemos que el dolor que nos hicieron, esa astilla que tenemos clavada profundamente en el corazón nunca la haremos desaparecer. De vez en cuando uno de los ventrículos acumula más sangre de lo habitual y la notamos casi como el primer día. Pero esta es una de las evidencias de que existimos, algo que nos recuerda que el presente es porque el pasado nos hace ser. Pero, repito, hace dias que intento que lo entiendas: lo peor son los dolores que no queremos olvidar. Aquellas astillas que no están del todo clavadas. Insoportable dolor. Esas se activan a la mínima, con el dinamismo del cuerpo, el pensamiento que penetra, el roce de la piel o, incluso, con un suspiro bien disimulado. Conectan el exterior con el corazón de forma permanente, por mucho que intentes olvidarlo. Y es que de ellas no deseamos que dejen de hurgar en la herida, sino suplicamos que no la hagan más grande. Hace dias que te lo digo y te lo digo a través de mis sueños: dáñame a mí y no solo a mis deseos.

27 de octubre de 2009

CUATRO MINUTOS

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