A nadie se lo he pedido antes,
y sé que puedo abarcar
menos de lo que abrazo,
pero aspiraría a la nada
si me concedieras este deseo:
hazme llorar
porque esta mi indiferencia
te está matando,
en mi recuerdo.
Esperanza M. M. 09
Realmente no sé qué decir. Porque hay momentos en los que todo lo que ocurre a tu alrededor, todo lo que forma parte del contexto, incluso, todo aquello que estés haciendo, no importa. Lo único que hace que esos segundos, minutos y horas estén vivos es el hecho de compartirlos con la persona con la que deseas hacerlo. Realmente no hay nada que decir. Nada ni nadie tiene una explicación sensata para ello y, por supuesto, no existe una fórmula más perfecta que el simple hecho de juntar dos personas que se quieren. Realmente, solo es eso. (Gracias)
Una página en blanco no es algo vacío. Dicen que todos los buenos escritores temen el momento de acabar con la virginidad de una hoja de papel. Y es que esa pureza contiene todo, desde la realidad del lápiz que se alza hasta la utopía de los deseos más inalcanzables. No asusta empezar. El miedo recae en concretar, limitar tanta libertad. Pero es un cosquilleo de esos que, valga la redundancia, te revitalizan la vida. Un sentimiento que dice: estás aquí, en el momento adecuado, con algo entre manos que te hará ser para y con los demás, en el mundo. El inicio es tan fantástico como crudo. Magia. Y siento que ya lo estamos creando. Que lo estamos compartiendo. Que lo estamos. Nosotros y los que vengan. Empieza el viaje y sé que todo saldrá como lo planifiquemos, porque el objetivo no es solo cumplir un sueño, sino cumplirlo conjuntamente. Aprender, compartir, ayudar, la 'chispa' de nuestros ojos, dices, el brillo de tu energía, contesto. Que empezamos el viaje tan fantasticamente, que parece que llevemos mucho tiempo compartiendo vagón... y eso no tiene nombre. Gracias por recordarme hacia dónde quería dirigirme y, sobre todo, gracias por acompañarme y por permitirme acompañarte a ti.
Quién dice que tener miedo entorpece el camino. Es él el que intensifica mis deseos, el que me protege de las decepciones y a la vez el que sabe tratar a mi voluntad, tan descarrilada últimamente. En su ausencia me relajo y la inocencia me supera. Protejo mi vida como si realmente me perteneciera y siento como se ralentizan mis nefastos aspavientos. De vez en cuando mi mirada se estanca en una mentira y casi siempre mis deseos se ocultan en su estúpido mundo ideal. Qué torpeza la mía, mira que intensificar todo aquello por lo que nunca me atreveré a luchar. Qué coraje más escéptico, qué corazón más idiota. Pobre del que intente ser origen de mis exagerados suspiros. Compadezco a aquellos que pretendan averiguar de dónde provienen mis enclenques energías, pues no seré yo la culpable cuando la voluntad de otros se vea mermada al soportar el peso de mi hosca mirada. Que no me miren. Y, sobre todo, que no me engañen. Que no me mientan que eso ya no me da miedo. Que me abran los ojos para así recuperar, no mi miedo, sino el miedo a no tenerlo... mi miedo a no tener miedo. Que nada ni nadie entorpezca mi camino.